Esquizofrenia

Es una enfermedad mental crónica grave que altera el modo en que las personas sienten, piensan y perciben el mundo. Las personas con esquizofrenia usualmente pierden contacto con la realidad, lo que produce problemas de conducta que impiden su adecuada adaptación social. A diferencia de lo que se ha venido mostrando en los medios de comunicación masiva, la mayoría de personas afectadas no son violentas. La esquizofrenia no tiene cura pero con un tratamiento adecuado los síntomas pueden mejorar de manera significativa. Las personas con esquizofrenia deben recibir, además de medicamentos, apoyo psicológico y psicosocial, lo que les ayudará a recuperarse más rápido y a evitar recaídas.

Sintomas: 

No todas las personas con esquizofrenia presentan los mismos síntomas, lo que hace difícil su diagnóstico. De manera general se han clasificado los síntomas de la esquizofrenia en cuatro grupos: positivos, negativos, cognitivos y afectivos. Los positivos se deben a la pérdida de contacto con la realidad (psicosis) y consisten en delirios y alucinaciones. Los síntomas negativos consisten en falta de interés y motivación, problemas de habla y deficiencia o pérdida completa de los movimientos espontáneos. Los síntomas cognitivos se refieren a problemas en las funciones cognitivas, lo que incluye problemas de memoria a corto plazo, dificultad para organizar y extraer información o para interpretar el comportamiento de otras personas. Finalmente, los síntomas afectivos incluyen depresión y labilidad emocional. En este sentido, las personas afectadas pueden mostrar emociones intensas, que con frecuencia no se corresponden con las situaciones por las que atraviesan.

Causas: 

No se conoce con precisión lo que provoca la esquizofrenia. Hay estudios que indican que podría deberse a anormalidades en la neurotransmisión. Sin embargo, también hay evidencia científica que indica que se debe a anormalidades en la estructura, función y conectividad de ciertas partes del cerebro. Se piensa que estas anormalidades podrían producirse debido a la actividad exacerbada del sistema inmunitario durante etapas críticas del desarrollo, lo que provocaría un estado permanente de inflamación.

Factores de riesgo: 

Se han identificado factores de riesgo genéticos y otros que podrían tener lugar durante el embarazo o el nacimiento. Las alteraciones genéticas asociadas con la esquizofrenia pueden heredarse o desarrollarse bajo la influencia de ciertos factores de riesgo. Una persona tiene un riesgo mayor de desarrollar esquizofrenia si alguno de sus padres está enfermo. Asimismo, corren riesgo las personas que tienen un gemelo/a afectado. Otros factores de riesgo incluyen desnutrición materna, infecciones durante el embarazo, y complicaciones durante el parto. Adicionalmente, un estudio señala que las personas que nacen durante los meses de invierno podrían tener mayor riesgo de desarrollar esquizofrenia durante su vida.

  • Pariente de primer grado de consanguinidad con esquizofrenia
  • Desnutrición materna
  • Infecciones durante el embarazo
  • Complicaciones durante el parto
Complicaciones: 

Las personas con esquizofrenia son propensos a padecer problemas relacionados con la pobreza y la exclusión social: desempleo, falta de acceso a servicios de salud, indigencia y encarcelamiento usualmente debido a delitos menores. Además, tienen mayor riesgo de cometer suicidio, abusar de drogas y/o alcohol y de cometer actos violentos como resultado de la psicosis.

Diagnóstico: 

Actualmente no existen pruebas de laboratorio para diagnosticar la esquizofrenia. Por ese motivo éste se basa en los síntomas y en el examen que realiza el médico. Se podría recomendar la realización de exámenes de laboratorio o de imagen para descartar otras enfermedades que causan síntomas parecidos.

Tratamientos: 

El tratamiento debe incluir medicamentos, terapia psicológica e intervenciones psicosociales. Los medicamentos que se utilizan para tratar la esquizofrenia incluyen los antipsicóticos (también llamados neurolépticos o antidepresivos mayores) y antidepresivos, entre otros. Como otros medicamentos, los antipsicóticos no están exentos de producir efectos secundarios adversos, lo que puede incluir sobrepeso, alteraciones metabólicas y desórdenes alimentarios. Incluso siguiendo un adecuado tratamiento, las recaídas son frecuentes, por lo que es necesario estar atento a los síntomas que las preceden. Las intervenciones psicosociales son esenciales durante el tratamiento ya que ayudan a controlar los síntomas y prevenir recaídas, a disminuir la necesidad de hospitalización, además de facilitar la integración del enfermo a la sociedad.

  • Antipsicóticos
  • Antidepresivos
  • Intervención psicosocial
Referencias: 
Última actualización: 
Jueves, Septiembre 3, 2015