Malaria

Paludismo, fiebre cuartana, fiebre biduoterciana, fiebre de las aguas negras o de los pantanos.

La malaria es una enfermedad producida por parásitos del género Plasmodium, que se transmite a través de la picadura del mosquito del género Anopheles. En el continente Africano se registra el 90% de las muertes por esta infección, siendo en su mayoría niños menores de 5 años.

Sintomas: 

El síntoma más común es la fiebre, sin embargo, una persona infectada puede tener una gran variedad de molestias que van desde escalofríos hasta problemas en el hígado y los riñones. Los niños y las mujeres embarazadas son especialmente vulnerables. La mayoría de las muertes ocurre en los niños menores de 5 años.

Causas: 

La enfermedad puede ser causada por una o por varias de las diferentes especies de Plasmodium: Plasmodium falciparum, Plasmodium vivax, Plasmodium malariae, Plasmodium ovale o Plasmodium knowlesi. Las tres primeras son las más frecuentes en el Continente Americano.

Este parásito habita en el mosquito del género Anopheles y se transmite directamente al humano a través de una picadura. También es posible transmitirse por transfusiones sanguíneas de donantes que han padecido la enfermedad o de madre a feto durante el embarazo.

Factores de riesgo: 

La probabilidad de una infección aumenta al exponerse al mosquito transmisor, ya sea viajando o viviendo en alguna de las zonas endémicas de África, Latinoamérica o Asia.

Las personas con un bajo nivel socioeconómico se ven más afectadas debido a que no cuentan con recursos suficientes, infraestructura adecuada y programas de control para prevenir y combatir la enfermedad.

Complicaciones: 
  • Infecciones del sistema nervioso
  • Destrucción de células sanguíneas (anemia hemolítica)
  • Problemas en los riñones y el hígado
  • Problemas pulmonares a causa de acumulación de líquido en los pulmones (edema pulmonar)
  • Ruptura del bazo que lleva a un sangrado interno grave
  • Hipoglicemia (disminución de la glucosa en la sangre)
  • Convulsiones
  • Ictericia (coloración amarrillenta de la piel)
  • Muerte
Diagnóstico: 

Mediante un análisis de sangre que consiste en teñir y observar en un microscopio las células sanguíneas y buscar la presencia de parásitos (frotis de sangre periférica y gota gruesa).

Prevención: 

Actualmente no existe una vacuna inocua, eficaz y de larga duración que pueda aplicarse a la población general. Por tanto, la mejor prevención consiste en protegerse contra el mosquito transmisor.

Consejos prácticos:

  • Usar repelente contra insectos al estar al aire libre o en lugares donde hallan mosquitos.
  • Usar mosquiteros insecticidas apropiados durante la noche.
  • Usar ropa que cubra la mayor parte de la piel.
  • Evitar estar al aire libre entre el atardecer y el amanecer, momentos en los que hay más mosquitos.
  • Buscar asistencia médica inmediata al presentar fiebre alta u otro síntoma consistente con malaria.
Tratamientos: 

El diagnóstico rápido y el tratamiento apropiado son importantes para mejorar el pronóstico de la enfermedad.

Los tratamientos más utilizados con los antipalúdicos como la cloroquina, que dependiendo de la gravedad, pueden combinarse con antibióticos y darse vía oral o inyectados.

Remedios caseros: 

Como repelentes naturales se puede utilizar:

  • Geranio
  • Eucalipto
  • Citronela
  • Clavo de olor

Para tratar la enfermedad se puede realizar infusiones de:

  • Limón
  • Pomelo
  • Canela
  • Albahaca
Referencias: 
Autor/es: 
Última actualización: 
Sábado, Septiembre 26, 2015